Un blog de Miguel Ángel López Molina miguel@ylogica.com
“Aceptémoslo, la polarización es el gran deporte contemporáneo, y las redes sociales no son la cancha, son el dopaje que garantiza que el partido jamás termine y que la confrontación sea el único marcador que importa”
Miguel A. López
Imaginad por un momento esto: un día después de celebrar las elecciones, un país entero se queda en shock. Pero no por las viejas y conocidas tretas de fraude electoral, sino porque un tribunal dictamina que todo el proceso ha sido un circo grotesco, dirigido en la sombra por virales "bailarines" de TikTok y trolls rusos. No, no es el último capítulo de Black Mirror, aunque bien podría serlo: Esto ya ha ocurrido en un país europeo.
Bienvenidos a la nueva realidad, donde la democracia no solo se tambalea, sino que además dice adiós al ritmo de un reguetón viral que nadie pidió, pero que todos bailamos.
Todo comenzó con esas plataformas que prometían unirnos, pero que han terminado haciendo justo lo contrario. ¿Quién iba a imaginar que un simple algoritmo diseñado para entretenernos se convertiría en una máquina de manipulación masiva? Campañas en la sombra, noticias falsas y polarización extrema, han convertido lo que antes era una conversación política en una auténtica guerra de hashtags.
El Caballo de Troya del siglo XXI no está echo de madera ni lleva soldados escondidos; sus armas son los likes y los filtros de belleza. Su ejército invisible no derriba murallas: coloniza mentes.
La democracia, ese ideal que alguna vez creímos intocable, se ha convertido en un vulgar reality show. Aquí no gana el mejor argumento, sino el contenido más viral. Ya no votamos por ideas o programas; votamos por narrativas, memes y promesas que todos sabemos que no se cumplirán, pero que vienen envueltas en un bonito papel de regalo con un lacito digital.
Y lo más inquietante es que hemos empezado a verlo como algo normal. Y no es que nos manipulen por accidente; nos manipulan porque así lo planificaron. Los algoritmos no fallan: hacen exactamente lo que fueron diseñados para hacer.
La conclusión, por mucho que incomode, es inevitable:
La democracia, tal como la conocíamos, está más perdida que un político honesto en campaña. Si no aceptamos que las reglas del juego han cambiado, seguiremos girando en esta ruleta rusa digital, cruzando los dedos para que la bala de la desinformación no nos alcance.
La única salida pasa por formar a ciudadanos capaces de discernir entre lo verdadero y lo falso, y que además comprendan el poder -y el peligro- de sus propias interacciones online.
Así que, o nos adaptamos a esta nueva realidad y reflexionamos sobre cómo rescatar lo poco que queda de nuestra democracia, o terminaremos viendo cómo se transforma en otro fenómeno viral: espectacular, efímero, manipulable y, al final, tan olvidable como prescindible.
Que no se diga que no nos avisaron
Miguel Ángel López Molina
17/01/2025
Nota: Por cierto, el país al que me refiero (Rumanía) ha decidido “reestrenar” su gran producción política el próximo 23 de marzo. Estoy impaciente por ver cómo se desarrolla la segunda temporada de esta intrigante serie. ¿Nuevos giros en la trama? ¿Personajes inesperados? ¿O el mismo guion reciclado con otro decorado? ¡¡No puedo soportar tanta incertidumbre!!
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