Un blog de Miguel Ángel López Molina                                                                                                                   miguel@ylogica.com  

 

¿Dónde está mi sitio?

"Cuando la política abdica, el voto se transforma en un grito de furia; y la furia no pretende acertar, solo asegurarse de fallar con estruendo.”

Miguel A. López

Había una vez un país donde la gente despertaba cada día preguntándose si vivía en su tierra o en un parque temático de la incoherencia. Los más valientes desayunaban con el menú de indignaciones diarias: la ultraderecha avanza, el socialismo ya no es lo que era, los impuestos suben para financiar ayudas a quien ni siquiera dice "gracias". Y mientras tanto, el ciudadano de a pie se daba cuenta de que, por alguna extraña razón, su vida iba a peor sin entender el por qué.

La izquierda, antaño defensora del trabajador, lo abandonó en favor de causas más exóticas: identidad de género, políticas verdes que ahogan al agricultor, inmigración sin integración y subsidios sin cotización. El obrero dejó de ser prioridad porque, si prospera, ¿quién votará por las ayudas?

La derecha, por su parte, temerosa de parecer reaccionaria, adoptó medidas que desequilibraron a su propia base: cierre de nucleares, inmigración masiva sin estrategia, deslocalización empresarial y subida de impuestos. Así, el país pasó de producir a servir, de industria a camareros y turistas en sandalias con calcetines.

El abandono era evidente. ¿Cómo no iban a crecer opciones radicales si los partidos tradicionales vivían en su burbuja? En ese vacío, el ciudadano medio se preguntaba: "¿Dónde está mi sitio? ¿Quién se preocupa por mí?" Y justo ahí es donde crece el monstruo de los extremos.

Cuando un pueblo se siente ignorado, vota con rabia, aunque la opción elegida lo lleve al precipicio.

El problema no es la ultraderecha o la ultraizquierda, sino quienes las han alimentado con su ceguera. Si no queremos que el pasado gobierne el presente, hay que despertar de la siesta subvencionada y exigir políticas para la gente, no para los titulares de Twitter. Porque cuando las opciones razonables fallan, las irracionales toman el relevo. Y eso, amigos, no es democracia, sino una ruleta rusa donde, más tarde o más temprano, a alguien le toca la bala.

Miguel Ángel López Molina

28/02/2025

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